CIUDAD HOJALDRE

Con el término Ciudad Hojaldre Carlos García Vázquez propone entender la complejísima teoría urbana contemporánea como si se tratase de un hojaldre donde se superponen, a modo de capas, una serie de visiones compuestas a su vez por subcapas que comparten la misma sustancia. Ciudad Hojaldre encuadra los discursos teóricos que subyacen tras la práctica urbanística y la arquitectura de las ciudades contemporáneas en marcos conceptuales más amplios, recomponiéndolos en un mapa intelectual comprensible.

La Ciudad Hojaldre, más que a la realidad urbana, atiende a las formas de "mirar" la ciudad. Se interesa por los pequeños relatos que separan y unen sensibilidades diversas. En función de estas últimas son agrupados en cuatro visiones, cada una de ellas guiada por una disciplina que define sus preferencias: la historia marca el tono de la Visión Culturalista de la Ciudad; la sociología y la economía el de la Visión Sociológica; la ciencia y la filosofía el de la Visión Organicista; y la técnica el de la Visión Tecnológica.
Pero aquí no acaba la apuesta por los pequeños relatos como forma de aproximación a la ciudad. Si las cuatro visiones urbanas descritas nos remiten a las distintas sensibilidades que reglan su estudio, dentro de cada una de ellas se despliegan diferentes intereses que nos conducen a ideologías y afectos aún más específicos. Resultado de esta confluencia de sensibilidades e intereses son las doce "ciudades" que componen las capas de la Ciudad Hojaldre: la Ciudad de la Disciplina, la Ciudad Planificada, la Ciudad Posthistórica, la Ciudad Global, la Ciudad Dual, la Ciudad del Espectáculo, la Ciudad Sostenible, la Ciudad como Naturaleza, la Ciudad de los Cuerpos, la Ciudad Vivida, la Ciberciudad y la Ciudad Chip.

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CIUDAD GENÉRICA

Desde su Delirious New York, Rem Koolhaas venía demostrando la polivalencia de su metáfora del surfista tanto para describir la arquitectura de Manhattan como en referencia a su posicionamiento intelectual frente a la producción de arquitectura. Aun así, la sorpresa fue mayúscula cuando en el año 1994, usando su S, M, L, XL como tosca tabla, el holandés hizo gala de su habilidad y cinismo frente a la improductiva actitud de resistencia a la metrópolis de Lewis Mumford y León Krier, consiguiendo una efímera y brillante cabalgada sobre la incontenible y furiosa ola del urbanismo contemporáneo. Koolhaas conoce la ciudad, no la cuestiona. La interpreta, no la crea. La monta al tiempo que renuncia definitivamente a conducirla.
Koolhaas desliza su mirada sobre la superficie de la metrópolis contemporánea, aquella que en otro tiempo representara la cota máxima de la evolución del zoon politikon, y que a partir del último cuarto del siglo XX ha quedado reducida a la epidermis resquebrajada de los terrenos baldíos del subdesarrollo. La ciudad genérica, exportada a través de las comunicaciones, el conocimiento y la cultura instantáneas, es el producto eficiente y pragmático que surge de los restos de lo que una vez fue la ciudad, depurándose hasta sus mínimos. Pero el desplazamiento freestyle de Koolhaas se encuentra, de forma paradójica, anclado en la ciudad estadounidense, de la que es cualificadísimo conocedor y rendido admirador: Poderosa y precaria, frágil y flexible, nueva y decadente madre del proceso de globalización con el que el Imperio ingenia su indiscutible supremacía.
Esa referencia determina que al término de su viaje, Koolhaas vuelva a la incertidumbre que toma como punto de partida. Tras el aterrizaje indiferente en los aeropuertos de la ciudad genérica, y atravesar en equilibrio inverosímil la fluidez de sus estadísticas, la masa de su población, el sinsentido de su urbanismo, la desaparición de su política, la complejidad de su sociología, la anonimia de sus barrios, la banalidad de su arquitectura, la inconmensurabilidad de su geografía, las contradicciones de su identidad, el olvido de su historia, el poderío de sus infraestructuras y su falta de cultura; el lapidario "The city is no longer. We can leave the theater now", es la conclusión a veinticinco páginas sublimes, de texto difusamente ilustrado con fotografías borrosas. Koolhaas desvela el secreto a voces que circulaba cada vez con mayor insistencia tras la apoteosis del ¥€$: Que la ciudad ya no existe, que la ciudad es indiferente, insustancial e inane, inasequible a la caracterización. En definitiva, sin acritud ni amargura: Que la ciudad da igual.
Autores
Rem Koolhaas fundó la Office for Metropolitan Architecture (OMA) en 1975 junto a Zoe Zenghelis y Madelon Vriesendorp. Graduado por la Architectural Association de Londres, en 1978 publicó su Delirious New York, a Retroactive Manifesto for Manhattan. Publicado en 1995, su S, M, L, XL glosó la obra de OMA y estableció reveladoras conexiones entre la sociedad contemporánea y la arquitectura. En la actualidad es director de OMA y AMO, la rama conceptual de OMA centrada en los cambios sociales, económicos y tecnológicos de la contemporaneidad y en la exploración de territorios más allá de lo urbano y la arquitectura. Rem Koolhaas es profesor en la Harvard University, donde dirige el taller de investigación "Project on the City".

Bibliografía
" KOOLHAAS, Rem. Delirious New York, a Retroactive Manifesto for Manhattan. Rotterdam: 010 Publishers, 1994.
" KOOLHAAS, Rem; MAU, Bruce. Small, medium, large, extra-large / Office for Metropolitan Architecture. Nueva York: The Monacelli Press, 1996.
" KOOLHAAS, Rem. La ciudad genérica. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2006.
Enlaces
" Office for Metropolitan Architecture
" La ciudad genérica
" Indymedia estrecho / indymedia madiaq

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CIUDAD DUAL

El uso del término Ciudad Dual como sinónimo de metrópolis tardocapitalista es muy habitual entre los teóricos de la ciudad ideológicamente encuadrables dentro de la órbita neomarxista. Estos pensadores ejercen una crítica social que pretende desenmascarar la superestructura capitalista y denunciar las injusticias urbanas. Esta postura ha adquirido un creciente protagonismo tras varias décadas de globalización, que han generado unos grados de polarización social desconocidos en occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Saskia Sassen opina que se trata de un fenómeno intrínseco al nuevo orden tardocapitalista, donde los trabajos de bajo nivel salarial son claves para el crecimiento económico. Ello convierte al declive social en algo complementario del desarrollo, y no ya, como ocurría anteriormente, en un indicativo de decadencia.

Ha sido la confluencia de dos fenómenos contrarios pero complementarios la que ha instalado en la ciudad contemporánea la lógica de la desigualdad social. Por un lado, la radical transformación que ha sufrido el mercado laboral, lo que ha supuesto la desaparición de la estabilidad en el empleo y el consiguiente aumento de las subcontrataciones, el trabajo informal, el trabajo a tiempo parcial... y la pobreza. Esta degradación laboral confluyó con la aparición de numerosos "nuevos ricos", personas que supieron aprovechar las oportunidades ofrecidas por la globalización. La conjunción de ambos fenómenos disparó la polarización social. Si entre 1945 y 1975, en Estados Unidos nueve de cada diez salarios eran de nivel medio; hoy en día lo son cinco de cada diez.
La Ciudad Dual ha puesto en crisis la tradicional división social heredada de la etapa del Estado del Bienestar y caracterizada por el imperio de una inmensa clase media con leves variaciones hacia arriba y hacia abajo. Actualmente, la clase alta ha aumentado espectacularmente por la aparición de los "nuevos ricos", personas de toda condición social que han llegado a la cumbre desde actividades económicas muy diversas. Entre la clase alta y la clase media se han situado los yuppies que en ciudades como Nueva York o Los Ángeles pueden suponer hasta el 30% de la población. Sigue la clase media, que sufre un drástico proceso de adelgazamiento, y la clase baja, que experimenta el proceso inverso. El último peldaño de la achatada pirámide social de la Ciudad Dual lo conforma la "nueva pobreza", antiguos obreros expulsados del mercado laboral por el proceso de desindustrialización y recluidos en guetos urbanos de los que no pueden salir por las dificultades que encuentran para acceder a la educación y las nuevas tecnologías.
La esencia bipolar de la Ciudad Dual se refleja en el espacio urbano, al que los teóricos neomarxistas de la ciudad han identificado como parte activa de la segregación social. La convivencia de zonas urbanas altamente cualificadas con otras donde impera una decadencia física sin precedentes son la expresión visual del fenómeno de la Ciudad Dual.

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CIUDAD DIFUSA

El principio del tercero excluido describe en la lógica aristotélica la imposibilidad de que, ante dos proposiciones contradictorias, exista una tercera vía conciliadora. No hay grados medios: La experiencia demuestra que al menos una de las dos iniciales ha de ser falsa. En el año 1965 el profesor Lofti Zaden, de la Universidad de California en Berkeley, introdujo, con el artículo Conceptos difusos, el método que, restando validez a este principio, desembocaría en la llamada lógica difusa para tratar conceptos inherentemente imprecisos y no cuantificables, tales como "frío" y "calor". De esta manera se abrió una vía que pronto manifestaba su enorme potencial para describir ciertos dispositivos tecnológicos "inteligentes", que también se mostraba útil para aproximarse a los aspectos más indefinidos y controvertidos de la ciudad contemporánea.

La Historia ofrece muestras de los efectos profundamente desequilibrantes que la introducción de las nuevas tecnologías produce en la ciudad. Así, del mismo modo que la pasteurización de alimentos provocó la completa reorganización productiva y comercial del París del XIX, la irrupción de Internet y el boom de las telecomunicaciones a finales del siglo XX tuvo como consecuencia que la ciudad adquiriese una condición desacostumbradamente difusa. Una vez liberalizados los mercados y deslocalizadas las actividades productivas, en la ciudad se imponen los términos medios y se exacerban las imprecisiones. Así, podremos situar a la terminal de transbordadores de Yokohama sobre la delgada línea roja que separa a la arquitectura del paisaje y la infraestructura, al tiempo que Phoenix se instala en una condición maravillosamente precaria que no distingue entre campo y ciudad, y mientras se evidencia la necesidad de pensar metrópolis globales como Londres o Los Angeles desde planteamientos puramente territoriales.
La ciudad difusa posee, por tanto, contornos borrosos: No hay blancos ni negros, sino una variada gama de grises. De la misma manera, sus rasgos dejan de ser fácilmente reconocibles, al haber abierto sus puertas a la espectacularización del espacio público y la arquitectura. La ciudad difusa se convierte en un juego especulativo de simulacros, un caleidoscopio de infinitos efectos de color en el que la confusión no es trampa, sino virtud.

Bibliografía

KAJIMA, Momoyo. Made in Tokyo. Tokio : Kajima Institute Publishing, 2001.

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